Experiencias Vividas

1. Infancia (de los 3 a los 10 años de edad)

Recuerdo una ocasión en que mi madre Benita Contreras Castro tuvo que ir a lavar una parte de la ropa sucia que había en casa, dejándome a cargo de mi hermano menor, acostado en una cama que estaba en el primer cuarto de la casa, con puerta a la calle 5 de Mayo en Teuchitlán, Jalisco. México. Después de media hora más o menos, mi hermanito se durmió y busqué algo con que jugar, para entretenerme, encontré mi trompo y mis canicas, me salí un rato a la calle, luego regresé a ver si todavía estaba dormido Salvador, luego vi que estaba encendida una veladora, sobre una mesa en la cual instalaron la noche anterior una imagen de una Virgen, creo era la Virgen del Refugio, me acerqué, tomé una vela y la encendí en la veladora. Se me ocurrió meterme debajo de la cama donde estaba mi hermano Salvador (q.e.d.). Al pasar hacia dentro no me fijé que con la llama de la vela se predieron las barbillas de la colcha que cubría el colchón de la cama, seguí arrastrándome más al fondo, de pronto vi cómo se iluminaba cada vez más el espacio donde me encontraba. Miré hacia atrás y vi lo que estaba ocurriendo. Me asusté, me dio miedo, salí de allí por los pies de la cama, ya que era metálica y tenía espacio por donde pude salir.

Al ponerme de pie vi a mi hermano que estaba dormido, también vi que ya estaba incendiándose el colchón y las almohadas, me subí a la cama, levanté al niño en mis brasos, lo llevé hasta donde estaba su cuna, allí lo deposité y me regresé de nuevo a la cama, tomé un cojín, humeante, lo saqué a la calle, iba pasando un vecino, compadre de mi mamá y le grité: Mire compadre se está quemando. El me vio e inmediatamente se metió a su casa y le gritó a su mujer, Lupe ven rápido que se está quemando la casa de nuestra compare Benita.

Pronto los demás vecinos se dieron cuenta del incedio y entre todos apagaron el fuego.

Mi madre ya regresaba de haber lavado la ropa, la traía cargando en un chiquihuite, de pronto se dio cuenta que había humo saliendo en dirección de su casa, encargó a un vecino su ropa y se fue más de prisa. Llegó y vio a los vecinos que ya habían apagado el fuego, les preguntó de inmediato dónde estaban sus hijos. Le constestaron que estaban bien, que se calmara. La comadre venía de adentro de la casa, con el niño en sus brazos y yo caminando detrás de ella. Mi madre abrazó al pequeño y se sentó, me llamó y con una mano me abrazó también. Preguntó sobre lo sucedido. Le expliqué como había sucedido todo. Pero sorprendida exclamó y quién llevó al niño a su cuna? Pues yo, le dije. Cómo, si ni siquiera lo puedes, está muy pesado para que lo hayas llevado tú. Sí, mami, esa Señora me dijo que lo llevara a su cuna. Señalando a la imagen de la Virgen del Refugio. Los vecinos que estaban al pendiente de la conversación exclamaron de inmediato, a coro: Milagro. Milagro. Se pusieron a rezar el rosario.

A consecuencia del susto que sufrió mi madre –dicen los que saben- se le echó a perder la leche materna de sus senos, pero aún así se la dio a chupar a mi hermanito Salvador, se enfermó éste y desafortunadamente no se pudo salvar, murió a los pocos meses de haber sucedido este milagro.

Esta es la imagen de la que yo creo que es la Virgen del Refugio. ¿Será? Creo que sí es, pues la busqué en Google con el nombre de Virgen del Refugio y fue la primera imagen que apareció, entre otras.

  2. Pubertad (De los 10 a los 15 años de edad)

Mi hermano José Refugio y su servidor, Humberto, jugábamos en el corral de la casa de Teuchitlán, con un caballo que era muy mansito, sin embargo, mi hermano se le colgó de la cola, mientras yo pasaba por debajo de la panza del animal, tocándole sus verijas al pasar, lo cual le molestó y tiró una patada que le pegó directamente en la boca de mi hermano, quien cayó de espaldas, sangrando mucho. Lo ayudé a levantarse y nos fuimos inmediatamente con mi mamá, que al verlo se asutó mucho, pero acató a llevárselo de inmediato al Doctor, que se encontraba a dos cuadras de la casa.

Al examinarlo el doctor nos dimos cuenta que había perdido varios dientes, no recuerdo cuántos, con el tiempo él se curó y le pusieron una dentadura postiza para completar la dentadura bucal.

En uno de esos días de nuestra pubertad, mi hermano José Refugio (q.e.d.) veníamos de limpiar un coamil, (así le llamamos a una pequeña porción de terreno, sembrado de maíz, le cortábamos la mala yerba con machetes, los cuales nos gustaba afilar muy bien. Ya estábamos por llegar a nuestra casa, de pronto exclamé: “Vieja el que llegue al último”. Y empecé a correr hacia la esquina, él se quedó atrás, hizo caso omiso, se vino caminando normalmente, al llegar yo a la esquina, volteo hacia atrás y vi que me hermano había desaparecido bajo los escombros de la barda de adobe que le cayó encima. Algunas personas que estaban en la esquina también vieron lo mismo y se acomidieron de inmediato a rescatarlo. Afortunadamente sólo fue el susto y algunos golpes en todo el cuerpo, pero no le pasó gran cosa. Eso dijo el médico que lo atendió.

En esta edad me juntaba a jugar con mis compañeros de la escuela primaria, ellos me enseñaron a nadar cuando íbamos a los balnearios del tanque y el rincón, hoy (Septiembre 18 del 2010) centros turísticos denominados Las Fuentes y Balneario El Rincón, respectivamente. También aprendí a lanzar piedras con la mano o con resortera, con la práctica se adquiere buena puntería.

Fue en esta edad que nuestro padre Salvador Trujillo Padilla, (q.e.d.) nos regaló una bicicleta, para los dos, ya se imaginarán los pleitos que nos echábamos mi hermano José Refugio y yo, pero pronto nos pusimos de acuerdo que un día le tocaba a uno y al día siguiente a otro. Como mi hermano era mayor dos años que yo, aprendió más rápido a manejarla, él me llevaba en el cuadro, pues no tenía parrilla trasera, ni diablitos para posar los pies. En ella nos íbamos a limpiar la milpa. Un día nos dispusimos a partir, llevaba yo los machetes bien afilados, pues en un descuido me rebané un pedazo de carte de mi mano izquierda, así como si hubiese querido cortar un filete, la sangre que me salía de la mano era mucha, nos regresamos inmediatamente a la casa. Mi madre se asustó mucho pero pronto reaccionó y me amarró un pañuelo mientras llegábamos con el médico familiar. Me curaron, me vendaron y pronto sané, aunque después de 55 años todavía se nota la cicatriz.

En aquel tiempo, cuando mi hermana Alicia, la mayor de todos mis hermanos, tenía 14 años, mi hermano José Refugio 12 y yo 10. Ella tenía novio, era un hombre 10 años mayor que ella, la iva a ver montado en su caballo, muy grande y fuerte, que yo le permitía acercarse a mi hermana sólo porque me paseara en su montura. Por alguna razón, tal vez por la diferencia de edades, no se entendieron y terminaron la corta relación de unos cuatro meses. Luego llegó un fuereño, le decíamos el pachuco, se hicieron novios, pero nosotros, mi hermano Refugio y yo, nos dimos cuenta y se lo corríamos a pedradas. Mi hermana nos acusó con nuestra madre y ella nos prohibió que le tiráramos con la resortera o con la mano, que no fuéramos agresivos con él, que iba a ser nuestro cuñado. Llegó un día con una bicicleta de carreras, que a mí me gustó mucho, se la pedía prestada para pasearme y le decía que si no me la prestaba, lo iba a seguir en la noche con la resortera. Así que me paseaba buen rato.

Considero que en mi infancia y pubertad, fui muy tranquilo y feliz. Mi hermana se casó a los quince años de edad, mi hermano José Refugio al siguiente año se fue a vivir con ella, pues tenía que continuar con sus estudios. A mí me llevaron a seguir estudiando a El Batán, Jal., donde vivía una hermana de mi padre, Ma. Refugio, (q.e.d.). Durante ese año que estuve con mi tía, ella y sus hijos me trataron muy bien.

Terminando mi primaria, la Directora y Maestra de la Escuela Federal El Batán, nos recomendó a todos sus alumnos que estudiáramos una carrera corta de Contador Privado, en el Instituto Comercial Arias Hernández, sólo fuimos tres a ese instituto. Allí conocí a varios compañeros, entre ellos a Engracia Vizcarra Hernández, que no se me ha olvidado, siempre la he recordado por haber sido mi primera novia.

3. Juventud (De los 15 a los 21 años de edad)

Durante mis estudios comerciales disfruté mucho con mis compañeros, principalmente con mi primera novia, a quien iba a visitar todos los días por las noches a su casa, vivía por la calle Cuahtémoc casi esquina con Analco, cercas de la Vieja Central Camionera, me iba en mi bicicleta desde cercas de El Bátán, mis padres compraron una casa en la colonia Santa Elena Alcalde y desde aquí hasta su casa eran más de 10 kilómetros. Valía la pena pues sus abrazos, sus besos, me fascinaron.

Al terminar mis estudios de Contador Privado, mi padre me consiguió trabajo en el Ingenio de San Marcos, ubicado en San Marcos, Jalisco; como auxiliar administrativo, tuve que dejar a Engracia, nunca me despedí de ella, nuestro noviazgo simplemente quedó suspendido, pero a final de cuentas, se acabó, jamás la he vuelto a verla.

Mi segunda novia fue Ma. de la Luz Ascencio, a quien estuve viendo durante los últimos tres meses, antes de irme a San Marcos, primero llegaba con Engracia y luego de pasada llegaba con Luz. Con las dos sólo hubo besos y abrazos, no llegamos a más.

Mi tercera novia fue Mercedes Gaytán Rodríguez, a quien conocí en el pueblo de San Marcos, Jalisco. Dicen que un clavo saca a otro clavo, pues ella me ayudó a olvidarme de aquellas dos novias que tuve en Guadalajara. Esta hermosa jovencita estuvo a punto de ser mía, un día que nos encerramos en una casa sola, pero hubo una muchachita que llegó gritando, Meche, te habla tu papá, que vayas rápido. O él viene por ti. Sabe dónde estás. De inmediato nos vestimos sin haber logrado nuestro deseo. La tuve que dejar cuando cerraron el Ingenio y me trasladaron al Ingenio San Rafael, en Coquimatlán, Col. Ya no la volví a ver hasta después de casi dos años. En la casa de mis padres, en Colima, donde estábamos festejando mi cumpleaños, mis compañeros de secundaria, mis padres, mi nueva novia, la cuarta, que conocíe en la secundaria y yo. Se me acumuló la chamba ese día, pues las dos eran mis novias pero no se conocían, presenté a todos como mis compañeros de la secundaria. Mi nueva novia no dijo nada, pero se imaginó quién era ella. Duró como dos horas con nosotros y luego me pidió que la acompañara al Jardín Núñez, pues quería hablar a solas conmigo. Sólo para avisarme que ya tenía otro pretendiente y que iba en serio, que deseaba casarse con ella, que si yo ya no tenía interés en ella, que era mejor decirnos adiós.

Pues sí, terminamos nuestro compromiso de novios y ella se casó. Yo seguí conquistando jovencitas. La quinta novia se llamaba o se llama, no sé si viva o muera, Hilda Macías Rodríguez, con quien estuve a punto de casarme, se pidió su mano, se llevaron a cabo las amonestaciones por la iglesia, se citó al Juez de lo Civil, pero hubo un chisme de una de sus amigas, que le dijo a mi madre que la vio besándose en la boca con su ex cuñado Fernando Dávalos, mi madre me comunicó el chisme, yo lo creí y realmente me asusté, me sorprendí, me dio miedo, porque Fernando y yo éramos buenos amigos, compañeros de la secundaria; de seguro nos ibamos a dar un buen pleito. Le reclamé a mi novia y ella lo negó todo. Pero ya la desconfianza se había apoderado de mí. En esos días se había terminado la obra donde era yo el administrador de la misma, la empresa se iba a Monterrey, N.L., me dijeron que si me quedaba o que si me iba con ellos. Era un empleado de confianza y ganaba buen sueldo. Opté por poner tierra de por medio. Mi novia puso el grito en el cielo cuando supo que me iba a ir a Monterrey, mandó por mí a unos policías, me llevaron ante el Juez, ante Fernando Dávalos, ante la amiga chismosa, quien lo negó todo. Fernando me dijo que era un cobarde, que por qué dejaba a su ex cuñada. También negó que se habían besado. Me molestó mucho que me hubiesen llevado como si fuera un delincuente. Y dije: No me caso, háganle como quieran, pero no me caso. Allí delante del Juez nos lanzamos a darnos de golpes Fernando y yo, pero intervinieron los policías y nos separaron.

Me fui a Monterrey, allá supe que Hilda había quedado embarazada, pero que no se logró el bebé porque se asfixió con su cordón umbilical. Eso sólo Dios y ella lo saben. A mí no me consta nada. Lo único que sé es que después de más de 40 años la sigo extrañando, queriendo, amando, que sólo la muerte me la podrá quitar de mis recuerdos. Jamás se me olvidará aquellos días que pasamos a la orilla del mar, en Manzanillo, en un hotel, sólos ella y yo, amándonos toda la noche con toda la pasión que fuimos capaces. Fue hermoso. Difícil de penetrar, pues era virgen. Su himen se rompió y hubo mucha sangre. Toda la sábana, la colcha, el colchón, se impregnaron de su sangre. Sorprendidos y asustados, nos bañamos, vimos que no había pasado nada, después de dos horas nos tranquilizamos y lo volvimos a intentar. Fue maravilloso. La más estupenda relación sexual que haya gozado en toda mi existencia, hasta la fecha (Septiembre de 2010). ¿Cómo olvidarla?

Al año supe que se había casado con Fernando Dávalos, su ex cuñado, fue cuando me llegó la resignación de perderla para siempre. Jamás la pude recuperar. Ni la podré. ya pasaron más de 40 años de aquella noche inolvidable. Que Dios la bendiga.

4. Adultez (De los 21 a los 35 años de edad)

Allá en Monterrey, me puse a trabajar y a estudiar al mismo tiempo. Sin embargo, me hacía falta una pareja. Pensé en Hilda, pero mi orgullo, mi vanidad, mi soberbia, mi coraje, mis resentimientos, etc., me impidieron llamarla o escribirle. Opté por una compañera de trabajo de Colima, Silvia Yolanda Rivera Barrera. Le escribí una carta invitándola a irse a vivir conmigo a Monterrey. Como a los quince días recibí una llamada teléfonica de ella, desde la central camionera de Monterrey, comunicándome que ya estaba allí. Le pedí que se instalara en un hotel cercano a la central y que de allí me hablara para que me informase cuál era para ir a verla en cuanto saliera de trabajar. Allí me esperó y en la noche nos quedamos a dormir en el hotel. Fue nuestra primera práctica sexual. Platicamos y planeamos lo que tendríamos que hacer. Rentar una casa, comprar muebles, etc. Ella se encargó de todo eso, mientras yo me dedicaba a trabajar y a estudiar. Luego vinieron las hijas. Primero nació Sandra Elizabeth, enseguida Alicia y por último Nelly Verónica.

Haciendo un inventario sobre esta relación, deduzco que fue más la felicidad que gozamos que los conflictos que sufrimos. Sin embargo, estos últimos fueron más fuertes, creo yo, que nos llevaron a la separación.

Fueron muchos años de convivencia bajo el régimen de Unión Libre, con situaciones conflictivas que supimos sortear. Sin embargo, llegó el día en que ambos decidimos separarnos. Ella se quedó con las niñas y todo lo que existía de mobiliario en la casa. Me fui con mi negocio a otro lado. Allí mismo viví algún tiempo. Luego se desocupó el departamento del segundo piso sobre el local comercial y renté los dos.

Fue entonces que sentí de nuevo la soledad. Un día se presentó a solicitar empleo Ma. Teresa Cisneros Acosta, nos gustamos, fuimos a comer, luego al un motel y allí nace otra historia. Otra relación marital. Me dio un hijo: Salvador Trujillo Cisneros.

Como que Silvia no se resignaba a perderme, seguía trabajando conmigo, no por necesidad, sino porque quería que nos siguiéramos viendo, pues ella podía trabajar en otros negocios, ya tenía mucha experiencia. Sin embargo, no fue posible continuar nuestra relación, pues hubo quién la sustituyera. No sé que tanto hayan platicado Ma. Teresa y Silvia, el caso es que Silvia tomó su camino y me dejó libre el camino para seguir con Ma. Teresa.

Silvia también hizo de su vida lo que quiso, pues se encontró a un hombre, alcohólico y mariguano, según supe después, con quien tuvo otros dos hijos. A los dos o tres años se separó de él, llevándose a todos sus hijos a Colima. Donde actualmente viven. Cuando he tenido los medios económicos para irlos a ver, he realizado el viaje. Sigo en comunicación constante con mi hija Sandra, quien por correo electrónico y mesenger se comunica conmigo, informándome cómo están todos. Gracias a Dios que están bien. Que Dios los bendiga. 

5. Madurez (De los 35 a los 60 años de edad)

Ma. Teresa convivió conmigo muchos años, durante los cuales tuvimos un sin fin de problemas, dado que ella traía consigo una hija, producto de una relación amorosa con otro hombre de apellido Jiménez, ésta niña nunca soportó mi presencia al lado de su madre, ni aceptaba que su madre estuviera conmigo. Cuando nace nuestro hijo Salvador, se agudizaron nuestros problemas, o nuestra situación de pareja, pues para mí no existen problemas más que en las materias de matemáticas, física, química, etc., pero en las relaciones humanas sólo son situaciones o experiencias vividas, a veces muy difíciles.

Hicimos todo lo posible por unificarnos, pero hasta la fecha la que ha salido triunfante ha sido esa hija de mi esposa Ma. Teresa, quien jamás ha podido desafanarse de su hija. La tiene como amarrada con el cordón umbilical todavía, a pesar que ya su hija tiene más de 30 años de edad. Nunca la ha hecho comprender que cada ser humano nace dotado de un libre albedrío. Que es libre de ser, de pensar, de sentir, de amar, de actuar, de hablar, etc., conforme a su criterio. Ella no lo respeta. No la deja hacer su vida conmigo ni con nadie. Es muy posesiva y controladora. Quién sabe por qué Dios permite esto. Pero esa es Su voluntad y debo acatarla u obedecerla. Dios sabe por qué lo hace.

6. Vejez o Tercera Edad (De los 60 a los 90 años de edad)

Tengo 63 años de edad, cumplidos el 25 de Abril del 2010, actualmente estoy radicando en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. México. Tengo varias actividades diarias enfocadas a dar servicio de mantenimiento y reparación de computadoras de escritorio y laptops, venta de extinguidores y equipos contra incendio, servicio de translado, fletes, mudanzas o viajes de carga liviana y pesada. Cuando no sale de uno, sale de otro negocio, para sufragar los gastos indispensables para mi sobrevivencia.

Mi hijo Salvador vive conmigo, su mamá viene a visitarme de vez en cuando. Mi hijo me ayuda con los trabajos que van saliendo y yo le ayudo a conseguir clientes para su taller de servicio para computadoras y laptops, él es el técnico, el chofer y el ayudante general. Hemos formado un buen equipo. Ojalá que así duremos mucho tiempo. Pues así estoy feliz. Gracias Dios por todo lo que me das.

7. Senectud o Ancianidad (De los 90 años en adelante)

No escribo nada sobre esta etapa, pues aún no la he vivido, si Dios me da licencia de llegar a disfrutarla y puedo escribir para entonces, lo haré.

 

 

 

 

Publicado en Experiencias Vividas | Deja un comentario