Cómo Adaptarse a las Circunstancias o cambiarlas a nuestro favor

Las circunstancias que nos rodean son diferentes en cada etapa y en cada edad de la vida del ser humano.

Primera edad: Desde el nacimiento hasta los 30 años.

Segunda edad: De los 31 a los 60.

Tercera edad: De los 61 a los 90.

Cuarta edad: De los 91 a los 120.

Quinta edad: De los 121 a los 150.

Dentro de la primera edad se encuentran consideradas las etapas Infantil, Pubertad, Juvenil y Adulta Joven.

La segunda edad está conformada por la etapa Adulta.

La tercera edad incluye a la etapa Adulta Mayor y Vejez.

La cuarta edad se integra por la etapa de la Vejez.

La quinta edad se conforma por la Ancianidad.

Las circunstancias que rodean al ser humano en su etapa infantil, generalmente dependen de lo que hacen sus padres, las personas de más edad que conviven con el individuo, hombre o mujer, tanto dentro o fuera del hogar. A cada infante le corresponde sujetarse a las disposiciones de quienes cuidan de él. Se adapta a las circunstancias por necesidad. 

Dicha adaptación continúa en las siguientes etapas de la vida del ser humano, hasta que éste se independiza del hogar paterno y se adapta a las circunstancias por decisión propia, dentro de su misma comunidad o en otra distante a ésta.

Pretender que las circunstancias se adapten a nuestro capricho, a nuestra particular forma de ser, de pensar, sentir, hablar, actuar, etc., es un error. Una equivocación que tenemos que rectificar si no queremos vernos involucrados en situaciones conflictivas con quienes nos rodean.

Hoy día, la gente nace en medio de la civilización material abundante, y vive en una época en que las actividades económicas que buscan conseguir los bienes, dominan el mundo. El tiempo ha cambiado dejando atrás el período en que la gente necesitaba las cosas en cantidad moderada.

En nuestro tiempo, con frecuencia no hay distinción entre el bien y el mal, más bien se considera que la riqueza es sinónimo del bien y que la bondad del alma es el impedimento de la actividad económica. Pero en realidad ¿esta es la manera de cómo deben ser las cosas? 

Cuando se dice que el sabio sabe adaptarse a circunstancias cambiantes, comúnmente se interpreta como “el hombre que cambia fácilmente en su opinión o actitud no es confiable“. Así, el hombre noble también cambia conforme a su crecimiento.

Quienes refinan constantemente el criterio de lo bueno y lo malo dentro de sí, son personas elevadas. No hay ninguna razón para reprocharles su cambio, en tanto, un buen criterio para sentirse exitoso en los negocios y en la vida profesional, es nuestro cambio positivo en función del bien que hacemos a los demás, sin egoísmo y sin esperar nada a cambio.

Es muy cierto que todo ser humano nace dotado de un libre albedrío, es libre de ser, pensar, sentir, hablar, actuar, hacer de su vida y con su cuerpo lo que le plazca; que utiliza cuando tiene la capacidad intelectual para decidir por sí mismo, eligiendo el lugar y a las amistades que él o ella creen conveniente, adaptándose a las circunstancias, a los cambios, por necesidad laboral o por su propio gusto y preferencia.

La necesidad de vivir hace que las personas tengan que estudiar, trabajar, buscar el sustento diario, utilizando el instinto de conservación, alternando sus actividades laborales con las sociales o de diversión. En esencia estas circunstancias son las mismas en todo el planeta, lo que difieren son las personas, los lugares, las condiciones económicas, políticas, etc.

El refrán “a la tierra que fueres hacer lo que vieres” nos indica que debemos adaptarnos a las circunstancias que privan en cualquier punto de nuestro globo terráqueo o planeta Tierra.

¿Se pueden cambiar las circunstancias que privan en una comunidad a favor de un individuo? Claro que sí. Veamos un ejemplo personal:

“Llegué a una colonia en la cual existen tres tiendas de abarrotes cercanas a mi domicilio, la más cercas a mi casa vende las cosas a un precio mayor que el de las otras dos. Por lo tanto preferí caminar unos cuantos pasos más para obtener precios si no más baratos al menos no tan caros como el de la tienda que se encuentra casi enfrente de mi hogar. La dueña me preguntó que por qué no le compraba mi mandado a ella y le dije la verdad, es que usted da más caro que en las otras tiendas. Ella me contestó, pues le voy a dar los mismo precios que le dan en las otras tiendas para que sea mi cliente y no vaya más lejos. De acuerdo, le dije, y desde ese día cambiaron las circunstancias a mi favor.”

Otro caso: Un empleado con título profesional que gana como sueldo la cantidad de diez mil pesos mensuales, se da cuenta que en otra empresa le ofrecen quince mil pesos mensuales, le avisa al director de su empresa que va a renunciar para irse a trabajar en donde le pagan más. El patrón considera que está capacitado para el puesto y sus funciones laborales son aceptables y decide aumentarle el sueldo para que no renuncie y continúe prestando sus servicios en ella. 

Como estos ejemplos hay muchos más que nos indican que sí podemos cambiar las circunstancias a nuestro favor, siempre y cuando tengamos la capacidad intelectual y experiencia necesaria para llevar a cabo dichos cambios.

 

 

 

 

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